martes, 7 de diciembre de 2010

Diez afirmaciones arriesgadas sobre Wikileaks y la filtración de los cables

Julian Assange, durante la rueda de prensa que dio en Ginebra (Suiza) el 4 de noviembre pasado. / Martial Trezzini (Efe)

A continuación, diez afirmaciones leídas y escuchadas en los últimos días sobre la nueva filtración de cables diplomáticos publicados en el sitio web de Wikileaks y cinco diarios internacionales:

“Los cables son sólo cotilleos”

Una afirmación que, en todo caso, debería hacerse sólo después de conocer todo el material de que dispone Wikileaks. De entrada, lo publicado hasta ahora aporta algunos datos muy interesantes, como el servilismo de muchos países, incluido España, hacia Estados Unidos y las pocas diferencias que existen entre la política exterior de Barack Obama con respecto a la de su predecesor, George W. Bush. “Eso ya se suponía” podrán decir algunos, con razón, pero gracias a Wikileaks ya no hace falta suponerlo: Se tiene constancia de ello.

“La filtración acabará con la diplomacia internacional”

Es muy improbable, aunque sí es posible que provoque un endurecimiento de la seguridad que haga más difíciles las futuras filtraciones. Un blindaje de la información que rodea al poder. Por otra parte, hay aspectos de la diplomacia internacional que no estaría nada mal que desparecieran.

“Es el fin del periodismo”

En todo caso, será el fin del periodismo tal y como se ha practicado hasta ahora. También podría servir de acicate para que los medios recuperen el papel de guardianes frente al poder que en su día tuvieron. Es curioso que cada vez haya más gente empeñada en matar al periodismo, precisamente, cuando más falta hace.

“Wikileaks te puede engañar”

Cualquiera nos puede engañar. Sobre todo, si no disponemos de información, pero la transparencia y la pluralidad de fuentes no tienen por qué ser un obstáculo para conseguirla. ¿Por qué nos da miedo tener más opciones?

“No existirán más secretos”

Es cierto que algunos secretos son necesarios en los Estados, sobre todo aquellos cuya revelación pueda poner en peligro la vida de quien ejerce una función pública. Pero hay que diferenciar las comunicaciones privadas de una persona, que están protegidas por el derecho a la intimidad, y las comunicaciones de un cargo en el ejercicio de sus funciones, máxime si se trata de un funcionario o de un ejecutivo cuyas decisiones tienen una especial influencia sobre la sociedad.

“Robar información es una cobardía”

Es cuestión de opiniones. También podría verse como que hace falta mucho valor para extraer una información confidencial y arriesgarse a perder todo en la vida para que la sociedad la conozca. No creo que Julian Assange ni, sobre todo, Bradley Manning lo estén pasando muy bien en estos momentos.

“Es un ataque contra [Estados Unidos, España, etcétera]“

Una información crítica con la gestión de un político o de un funcionario no es un ataque contra un país, aunque a muchos les guste escudarse tras una bandera para defender sus fallos. Una mala gestión diplomática sí supone un riesgo grave para un país.

“Assange ha vulnerado la ley y debe pagar por ello”

¿La ley de dónde: de Estados Unidos, de Suecia, de España…? Resulta como mínimo curioso escuchar a algunos políticos reclamar, ahora, la justicia universal.

“No me fío de Assange”

No hay que fiarse de él, sino de lo que publica Wikileaks. Si después se demuestra que es falso, podrá rebatirse y en el peor de los casos sólo será una mentira más en el mar de mentiras que se publican diariamente. Pero si no hay información, o sólo hay manipulación, no hay posibilidad de análisis ni de debate.

“No estamos preparados para escuchar la verdad”

Es la frase más graciosa de todas, y se ha escuchado a lo largo de la historia muchas veces. No merece más comentario.

Puestos a poner riesgos reales a la cosa, podría citarse el excesivo personalismo de Wikileaks en la figura de Assange, que hace más vulnerable a la organización, o la posibilidad de que el sitio web sea intoxicado con información falsa o sesgada. Son problemas que habrá que afrontar cuando sucedan, si es que suceden. ¿Qué problema hay ahora?

Wikileaks ha reabierto unas puertas que los medios de comunicación cerraron hace tiempo, las de garantizar la confidencialidad de las fuentes y resistir a las presiones para no publicar una información. Es decir, está haciendo una parte del trabajo que deberíamos hacer los medios, lo cual no deja de ser como mínimo vergonzoso para la profesión periodística. Pero que cada palo aguante su vela. Mientras tanto, no estaría mal que el ejemplo de Wikileaks sirviera para animar a otras organizaciones a seguir su camino y añadir más pluralidad y más participación ciudadana a esta situación. Por mi parte, como ciudadano y como periodista, no sólo no me siento amenazado, sino muy estimulado.

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