miércoles, 19 de octubre de 2011

La historia de los cubitos de hielo


La curiosa historia de los cubitos de hielo.

La tí­pica costumbre de refrescar nuestras bebidas usando pequeños cubitos de hielo se debe al tesón (o en realidad, terquedad) de Frederic Tudor, un norteamericano al que hace dos siglos le pareció ver un gran negocio en el transporte y fraccionamiento de grandes bloques congelados, y que pese a las burlas iniciales de sus contemporáneos, amasó una enorme fortuna y llegó a ser conocido como 'El Rey del Hielo'. Nacido en 1783 en la ciudad de Boston, Frederic Tudor se obsesionó por el hielo desde muy joven. Durante un picnic familiar, Frederic y su hermano William bromearon con la posibilidad de vender bebidas frescas en el Caribe, algo que podrí­a convertirlos en millonarios. La idea quedó marcada en la mente de Frederic, quien comenzó a estudiar seriamente la posibilidad de aserrar bloques de hielo de los lagos congelados de la región, embarcarlos y venderlos en Ecuador.
Claro, que los comienzos no fueron muy sencillos. Mostrándose escépticos por lo extraño del cargamento, ningún dueño de buque mercante aceptó transportar la frí­a carga de Frederic Tudor, quien se vio forzado a consumir todos sus ahorros en la compra de un naví­o propio. Su primer objetivo consistió en exportar los bloques de hielo a la isla de Martinica, en donde pensaba obtener el monopolio de las bebidas refrescantes.

La curiosa historia de los cubitos de hielo.

En 1806, el barco de Frederic Tudor llegó a Martinica llevando 80 toneladas de hielo para vender a sus acalorados habitantes. Pese a que el cargamento llegó a destino en óptimas condiciones, la operación comercial resultó un fracaso absoluto. Los lugareños no estaban dispuestos a estropear el sabor de sus bebidas locales y se negaron a comprar el hielo de Tudor, quien veí­a con desesperación cómo su mercaderí­a se derretí­a sin remedio. Durante los años siguientes, las cosas fueron de mal en peor. La situación polí­tica, el caluroso clima y la falta de ventas conspiraron contra el sueño de Frederic Tudor. La gente no se animaba a mezclar sus bebidas con un trozo de hielo; la idea les asqueaba y se burlaban del pobre Frederic, a quien creí­an loco de remate. Su hermano William se retiró del negocio y las deudas lo agobiaron a tal punto que Frederic estuvo preso tres veces entre 1809 y 1813. Pero la obstinación de Tudor era inquebrantable, e hizo lo imposible para convencer al mundo de que comprasen sus cubitos de hielo. En la década de 1820, Frederic Tudor recurrió a todas las técnicas de marketing que se le ocurrieron para demostrar las bondades de su producto, incluyendo la degustación de 'muestras gratis'. Tení­a por costumbre invitar a cenar a personajes distinguidos, a los que serví­a bebidas en vasos de cristal con frescos cubos de hielo flotando en su interior. Pese a la resistencia inicial de la gente a beber los preparados de Tudor, una vez 'roto el hielo' (una frase más que oportuna para la ocasión) los invitados adoptaban para siempre el hábito de agregar hielo a sus bebidas. Tudor viajó por todo el paí­s ofreciendo su original producto. Poco a poco, convenció a los dueños de los bares para que vendiesen las bebidas con hielo al mismo precio que al natural, enseñó a los restaurantes cómo fabricar helados usando sus bloques de hielo y hasta dialogó con los médicos en los hospitales para explicarles que el hielo resultaba una cura ideal para los pacientes afiebrados.

La curiosa historia de los cubitos de hielo.

Lo cierto es que las personas jamás habí­an necesitado el hielo hasta que Tudor se lo hací­a probar. De allí­ en adelante, no podí­an vivir sin él. Los negocios prosperaron a partir de entonces y Frederic Tudor no sólo consiguió vender bloques de hielo en el Caribe (especialmente en La Habana) sino que también transportó su producto a toda Europa e incluso hasta la India. En su época de mayor esplendor, las compañí­as hieleras de Tudor realizaban embarques de más de 180 toneladas de hielo hacia Calcuta. Finalmente, la obsesión de Tudor por los cubitos de hielo dio sus merecidos frutos; se lo conoció como 'El Rey del Hielo' y se volvió multimillonario, falleciendo próspero y feliz en 1864, varias décadas antes de que la llegada de la electricidad y los avances en los sistemas de refrigeración volvieran obsoletas a sus industrias. Completamos este informe con una secuencia fotográfica del London Canal Museum de principios del siglo XIX, que detalla las operaciones de la Wenham Lake Ice Company (empresa competidora de Tudor), dedicada a vender en Inglaterra bloques de hielo 'cosechados' en Noruega:

La curiosa historia de los cubitos de hielo.
Arados especiales tirados por caballos cortaban grandes bloques de hielo formados con las puras aguas congeladas de los lagos noruegos.

La curiosa historia de los cubitos de hielo.
Los bloques de hielo se cortaban luego a mano, utilizando grandes sierras metálicas.
La curiosa historia de los cubitos de hielo.

Una vez fraccionados en trozos de tamaños similares, los bloques de hielo se manipulaban mediante pinzas especiales.
La curiosa historia de los cubitos de hielo.

Extensas pasarelas de madera encerada serví­an para trasladar cómodamente a los bloques de hielo desde el lago hasta la costa, en donde se cargaban en los buques mercantes.
La curiosa historia de los cubitos de hielo.

A lo largo de numerosos puntos al sur de Oslo, los barcos hieleros recibí­an su cargamento, para luego trasladarlo hasta Londres. Para darnos una idea de la magnitud del negocio, en la década de 1890 Noruega exportó más de 340 mil toneladas de hielo anuales.
La curiosa historia de los cubitos de hielo.
Los barcos recorrí­an la 'ruta del hielo', transportando su cargamento hasta la ciudad de Londres, en donde era descargado en la zona portuaria.
La curiosa historia de los cubitos de hielo.
El ciclo se completaba con la distribución domiciliaria, por medio de carros tirados por caballos. El vendedor picaba el hielo de acuerdo a las dimensiones y peso solicitados por cada uno de los clientes.

Información e imágenes extraídas de la web: Nuestro Clima y Es.paperblog.com

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