Como la caída del muro de Berlín, ¿no? ¿Qué harían los medios de comunicación sin las imágenes "históricas"?
A falta de un desfile de la victoria por la Quinta Avenida, ese fue el momento que tanto esperaban en la Casa Blanca. ¿Cómo se llegó hasta esa imagen? No por casualidad.
Peter Maass, un excelente reportero, ha reunido toda la información posible sobre ese acontecimiento y su reportaje es una referencia obligada para futuros estudios sobre la propaganda y el papel de los periodistas en las guerras. De los periodistas y de los que dan órdenes a los periodistas en las redacciones.
No hay en la historia una gran conspiración. No hubo órdenes precisas desde Washington sobre lo que había que hacer cuando las tropas se encontraran con la primera estatua de Sadam. Tampoco sabían en el Pentágono que ese día, el 9 de abril, iba a ser el final (aparente) de los combates. En realidad, un par de días después las tropas siguieron su avance y controlaron Mosul y Tikrit. Por no hablar de lo que ocurrió después del supuesto final. Pronto supimos que si acaso, había sido el final del primer capítulo de la guerra.
El impacto causado por esas imágenes debe más a lo que hicieron los medios de comunicación que a las órdenes del Pentágono. La histeria y la mentira (porque el reportaje deja claro que el número de iraquíes en la plaza era muy escaso y que a todos los efectos, por el peso de la estatua, fueron los soldados los que la echaron abajo) procedían de la cobertura periodística.
Sin embargo, muy pronto, antes de que la estatua cayera, varios mandos militares fueron conscientes del poder de esa imagen e impartieron órdenes para que la historia tuviera el 'final feliz' que se necesitaba.
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