martes, 8 de junio de 2010

12 costumbres que puedes desterrar para simplificar tu vida

Todos estamos atados a infinidad de cosas y costumbres que nos complican la vida. Compramos cosas o adoptamos rutinas sin sentido. Algunas costumbres nos vienen heredadas. Ni siquiera nos paramos a pensar si son buenas o males, si nos convienen o no. Quizá en el pasado tuvieran sentido, pero ¿y ahora? ¿nos están ayudando o simplemente nos están dando más trabajo del necesario? ¿Qué hábitos absurdos podemos desterrar? Aquí os dejo 12 ideas:
  1. Por si acaso no lo tiro. Esta es la primera de todas. Tenemos la manía de guardar cosas por si algún día nos hacen falta. La realidad es que rara vez volvemos a usarlas. Y en las pocas veces que lo hacemos nos vemos casi forzados a ello. Tíralo, no tengas miedo. Quedarte con cosas solo porque el día de mañana te puedan hacer falta no hace más que estorbarte ahora. Mañana ya vendrá, y si realmente eso era tan importante, podrás buscar la forma de adquirir eso de nuevo. Pero no dejes que el “por si acaso” se instale en tu casa, y te complique la vida.
  2. Ir a comprar los fines de semana (viernes, sábado o domingo). ¿Por qué? ¿Por qué tienes que esperar hasta el fin de seman para hacer la compra semanal? ¿Seguro que necesitas y quieres pasar la tarde de un fin de semana en un sitio así? Haz la compra por internet. No lo has hecho nunca, pruébalo hoy mismo. Compra poco, solo para probar y quitarte el miedo. El 80% de las cosas que consumes se pueden comprar en cualquiera de los supermercados online que hay. Deja que te lo lleven a casa. Eso sí, piensa en que vas a hacer con el tiempo que te ahorras. ¿O es que vas al supermercado porque no sabes que hacer el fin de semana? Si es así, aquí te dejo unas ideas para hacer con tu pareja.
  3. Planchar lo que no se ve. Calzoncillos, bragas, camisetas interiores, calcetines, camisas (si encima te pones jersey). Todas son prendas que no necesitan ni merecen ser planchadas. Nadie que yo conozca te va a juzgar por las arrugas de los calzoncillos, más bien se fijarán en otra cosa. Eso sí, si la plancha te sirve como relajación, pues bien, adelante, pero simplifica el proceso de planchado al mínimo con esta simple regla: “lo que no se ve, no se plancha”. Punto.
  4. Comprar lo que no necesitas. En esto caemos todos con frecuencia. Es casi imposible resistirnos a la tentación de comprar algo que no necesitamos. Es más, yo diría que cuanto menos lo necesitamos, más nos encaprichamos de ello. Nos vamos haciendo la idea mental de que sí lo necesitamos, vamos justificando su compra. La gente de márketing sabe bien esto y lo aprovechan. Compra ya, luego será más tarde. Aprovecha la oportunidad, está rebajado. Claro, si al final lo voy a necesitar, mejor lo compro ahora. ¿Seguro? ¿Antes de ver ese anuncio tenías esa idea en la cabeza? ¿Seguro que quieres meter un trasto más en tu casa? ¿Seguro que quieres lavarlo, plancharlo o secarlo? ¿Seguro que quieres limpiarlo? Piensa en el futuro de eso que vas a adquirir y si es eso lo que querías.
  5. No vender lo que ya no usas. ¿Por qué no vendes en ebay tus cosas viejas y sacas un dinero? Seamos sinceros, todos esos libros que tienes cogiendo polvo no los vas a leer más. Solo ocupan espacio en una pared de tu casa. De entre ellos, quizá unos cuantos sí merezcan el indulto. La mayoría, no. Si los tienes simplemente como adorno, bien. Pero en general, no es así. Se van acumulando libros, y todo se va llenando de estanterías sin sentido. Lo mismo es aplicable a cualquier cosa, esa segunda tele que casi no usas, esos juegos de la consola, esa vajilla “para las visitas”, ese vestido de novia, ¿para qué los quieres? ¿vas a montar un museo con ellos? Descuida, nadie va ir a verlo más que tu. Véndelos.
  6. Viajar con demasiados trastos. Un pantalón/falda por día, camisetas, sudaderas, varios calzados. Llegas a tu destino y solo te pones tres cosas. Además, aprovechas los chiringuitos para comprarte unos bermudas molones o un pingo ibicenco. Piensa en ello antes de hacer la maleta. Muchas de las cosas que metes en ella, responden al primer principio de “por si acaso”. Bueno, pues si ocurre, nos adaptamos. Hasta entonces lleva lo necesario. Todo lo demás lo podrás conseguir en caso de necesidad.
  7. No pedir ayuda a tiempo. Cuántas veces hemos tardado horas y horas en resolver algo, por el simple hecho de no querer pedir ayuda, o de no querer reconocer que no sabemos hacerlo. Intentarlo un tiempo está bien. Obcecarse con hacerlo uno solo sin ayuda de nadie es ridículo. Un “me puedes echar una mano con esto” nos puede ahorrar mucha frustración y tiempo. No te averguences y pide ayuda a tiempo.
  8. Estar suscrito a cientos de listas de correo. ¿Cuánta publicidad absurda recibes en tu email cada día? ¿No será mejor que seas tú quien decida si algo te interesa y cuándo? No te dejes llevar, si no te acordabas de comprar algo, es porque realmente no lo necesitabas. Date de baja de todo aquello que no te aporte nada. Es solo un clic. Empieza ya mismo. Tardas 2 min. Por supuesto, deja de hacer clic en “quiero recibir notificaciones por correo electrónico”. Cámbialo por “ya te llamaré yo cuando te necesite”. Verás que silencio más rico.
  9. Crear muchas carpetas en tu ordenador. ¿Para qué? Google Desktop, Windows Live Search, QuickSilver. Cualquiera de estos programas te lista y clasifica todo el contenido de tu disco duro sin que tu tengas que hacer nada. Deja de perder tiempo en catalogar y gana tiempo aprendiendo a buscar. Quieres encontrar una foto, pon *.jpg en tu buscador. Quieres encontrar un documento, pon *algoquerecuerdesdelnombreentreasteriscoscomoeste*.doc et voilá, ahí está, en mucho menos tiempo del que se necesita buscando carpetas. Con 3/4 carpetas es más que suficiente.
  10. Mantener más de una linea de teléfono. Para qué quieres una linea de teléfono fijo en casa. Bueno, es que la regalan. Ya, ¿y?. La necesitas. La gente quiere hablar contigo, no con tu casa. Hoy en día, te van a llamar al móvil. Peeeroooo, ¿es que me sale más barato? Depende. Si eliges un buen plan de tarifas de móvil, hablar con las personas más frecuentes te sale más barato. Yo no tengo fijo desde hace años, y aquí estoy.
  11. Usar facturas en papel. Olvídate de recibir facturas de papel en tu buzón. Las tienes que recoger, abrir, leer, catalogar, guardar, tirar. Deja que te lleguen a tu correo electrónico. Siempre podrás buscarlas y nunca (salvo un poco probable colapso mundial de internet, en cuyo caso la factura de papel será papel mojado) se te perdarán. Trata de hacer que todas tus comunicaciones de gestión de móviles, bancos, hacienda, luz, gas, agua, te lleguen en formato electrónico. Tu cabeza lo agradecerá. Si crees que tener las cosas en papel te da más control es que no tienes ningún tipo de control.
  12. Ir al banco. Lo siento si trabajas en una sucursal bancaria, pero no entiendo cómo siguen existiendo. Es más, no entiendo cómo la gente sigue yendo allí para sacar dinero, pedir facturas, pagar recibos o cualquier otra gestión similar. Mi modelo de banco. Todo online. Si quisiera algo personal ya llamaré yo para concertar una entrevista cuando nos venga mejor. Hace años que no piso una sucursal (salvo para cancelar una cuenta) y espero seguir así mucho tiempo

¿Qué otras costumbres creéis que podemos desterrar para simplificarnos las cosas? ¿Cuáles añadiríais a la lista?

2 comentarios:

rosa dijo...

yo cuando sea mayor kiero ser como tú ;-)

Alberto Hugo Rojas dijo...

JAJAJA!! QUE GRACIOSA ERES ROSA.. NO NO NO. NO PUEDES QUERER SER COMO YO.QUE SIMPATICA ERES SIEMPRE ME HACES REIR

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