Natalia Ramos Puerto del Rosario (Fuerteventura)
Pescadores y vecinos del pueblo marinero de El Cotillo renovaron ayer una de la tradiciones más populares de las fiestas del Buen Viaje: la calada. De una punta a otra del Río arrojaron primero la cala y después los trasmallos y chinchorros para obtener más de 2.000 kilos de salemas que se destinan al asadero popular.
La tradicional calada para pescar salema en el Río de El Cotillo, en La Oliva, volvió a unir ayer a marineros y vecinos en una de las costumbres costeras más populares que se revive desde hace 30 años. El acto se enmarca en el inicio de las fiestas en honor a la Virgen del Buen Viaje.
El proceso de calar comenzó a la una de la madrugada, cuando se llenó la marea y las personas más jóvenes, que ya integran la tercera generación de esta tradición, dispusieron las redes de una punta a otra del fondo del Río. Ya con la marea baja, alrededor de las nueve de la mañana, tuvo lugar el momento más esperado: la recogida de la salema, que es la especie más común en esta zona.
Es una minuciosa tarea que involucró a cerca de 30 personas tanto dentro del agua como desde la orilla y la embarcación. Poco a poco fueron cercando el perímetro de más de 200 metros, recogiendo las redes y, después de arrojar los chinchorros, alcanzaron la orilla con montañas de salemas.
«Hemos cogido entre 2.000 y 3.000 kilos de salema, pero siempre teniendo en cuenta que sólo es para el asadero», explica Guillermo González, que recuerda cómo la calada antes «se hacía para poder comer el día de la fiesta». Tras la captura, que concentra a numerosas personas que acuden para disfrutar de la peculiar estampa, el pescado se traslada al muelle chico donde un grupo de vecinos lo jarea.
La actividad de calar está prohibida y sólo se permite para el asadero del próximo jueves.
La tradicional calada para pescar salema en el Río de El Cotillo, en La Oliva, volvió a unir ayer a marineros y vecinos en una de las costumbres costeras más populares que se revive desde hace 30 años. El acto se enmarca en el inicio de las fiestas en honor a la Virgen del Buen Viaje.
El proceso de calar comenzó a la una de la madrugada, cuando se llenó la marea y las personas más jóvenes, que ya integran la tercera generación de esta tradición, dispusieron las redes de una punta a otra del fondo del Río. Ya con la marea baja, alrededor de las nueve de la mañana, tuvo lugar el momento más esperado: la recogida de la salema, que es la especie más común en esta zona.

Es una minuciosa tarea que involucró a cerca de 30 personas tanto dentro del agua como desde la orilla y la embarcación. Poco a poco fueron cercando el perímetro de más de 200 metros, recogiendo las redes y, después de arrojar los chinchorros, alcanzaron la orilla con montañas de salemas.
«Hemos cogido entre 2.000 y 3.000 kilos de salema, pero siempre teniendo en cuenta que sólo es para el asadero», explica Guillermo González, que recuerda cómo la calada antes «se hacía para poder comer el día de la fiesta». Tras la captura, que concentra a numerosas personas que acuden para disfrutar de la peculiar estampa, el pescado se traslada al muelle chico donde un grupo de vecinos lo jarea.
La actividad de calar está prohibida y sólo se permite para el asadero del próximo jueves.

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